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miércoles, 15 de abril de 2015

Coplas reales

Sanito sobrio o con copas
Yo les escribo estas coplas
Para que cuando me muera
Nadie diga que no era
Recuerdo que en una noche
Que no tenía un idilio
Y que andaba a troche y moche
Hice parar aquel coche
Justito donde el Emilio.
……………………………..
Ya estaba lista la mesa
Pero aún casi desierta
Solo aquel bohemio puro
Mi querido don Arturo
Mira, remira y sopesa
cómo la noche despierta.
Felices como unas pascuas
Llegaron Susan y Toño
Siempre él andando en ascuas
Ella exhibiendo un gran moño
Fuese avanzando la sombra
Y aquella endecha que nombra
La memoria de la ausente
Cantaba como una alondra
Para que digas presente.
……………………………..
Con una calma de siglos
Perdonando tiempo y vida
Aparece don Juan Riglos
¡Acábense los remilgos!
Cuatro copas don Emilio
Tres para mi suegro Hermilio
La cuarta es tuya ¡sabida!
……………………………..
Ella estaba de temprano
Con su esperanza tardía
Blondo el traje blondo el pelo
con todo su amor en vano
caricia de terciopelo
ternura de Avemaría
……………………………..
No ha nacido un perro pardo
Que pueda con este bardo
Ya me dijo don Medardo
Solo eres un pobre fardo
Y ahora que estoy que ardo
Pa no matarte de un dardo
Ya me voy y no me tardo.
……………………………..
¡Bruselas!
Gritó Veguita
Que había gastado guita
Tan solo por darse el gusto
De dos deleites perversos:
Mis versos
¡y muchas chelas!

16/02/2009

sábado, 14 de febrero de 2015

Exilio del amor

Nostálgico
Estuve esta tarde caminando
En la ciudad
A la vez en el recuerdo
La vieja y sempiterna cita sabatina
El club de los elefantes olvidados
No tenía que ser tan triste mi nostalgia
Crucé el río sobre el puente
Como antaño
Hubiera preferido
claro
mojar los pies
y el alma
En fin
Busqué el refugio
oculto
Todos me olvidaron
Ya nadie sospechaba
A quién le importa un peregrino
Tú y yo
nosotros solamente
Escuchamos melodías
Dulcísimas
Cadenciosas
Degustamos manjares
Y soñamos…

7/01/2012

Foto: Roberto Young

Flor raptada

(A Lucrecia Bravo Barrantes)

Regalo de amor…
Trémula flor silvestre
Peregrina sin rastro
raptada por el río
el tiempo
el mar ignoto
y la montaña
¡Beso efímero!
Aún incendias mi sangre
Manantial tierno
en el Edén susurras
Caricia alada
anidas y palpitas
aquí hondo
¡tan adentro!

20/09/2009


(Foto: Habenaria Radiata, Orquídea Garza)

viernes, 6 de febrero de 2015

Mercedes Sosa


Si la rosa se muere
llorarán todas las flores
y de cada lágrima
brotarán nuevos jardines
Si sucumbe el árbol
quedarán sus raíces
cada una
repoblará de bosques
la tierra
el universo...

5/10/2009

miércoles, 28 de enero de 2015

Vuelto a la otra margen de la vida




Vuelto a la otra margen
de la vida,
escucho ya tus pasos
¡sin retorno!
Y esta tarde gualda,
desolada,
mi corazón es un ave
herida,
muy adentro.
Mi sombra
casi ya desaparece,
dando tumbos
en el rictus amargo
del ocaso...

C.T.V. 29/5/93 (*)


- Foto: Ojodigital.com
* Cumpleaños número 52 de Alcira

domingo, 18 de mayo de 2014

El vate que regalaba poemas

- Por: Jorge Sandoval Cordova

En un país de desconcertadas gentes vivía un poeta que fabricaba sueños con palabras y hacía castillos multicolores con ritmos que el alma le dictaba. Para sus amigos, era una especie de ilusionista de las figuras literarias. Creaba, imaginaba mundos de luz y esperanza conectando sus dedos al corazón y la mente.

Noctámbulo sempiterno, cultivador de inacabables bohemias, sabía multiplicar la amistad como en el milagro de los panes. No solo era un creador de notas hilvanadas con pasión periodística, con prosa vehemente que pintaba escenarios múltiples, también era un poeta de manos inagotables.

Por eso, a sus amigos no les sorprendía cuando, en la plenitud de la noche o madrugada, bendecido por la inspiración, sacaba su lapicero, cogía servilletas o las hojas de su libreta, y escribía versos de un solo tirón. Algunos los guardaba para después pulirlos en la tranquilidad del hogar, pero otros los regalaba a los amigos, sin correcciones, tal como los había escrito. Nunca se sabrá cuántos poemas regaló en las noches de bohemia, de charlas amicales, de intercambio de ideas. Solo se sabe que en cada uno de ellos iba impregnado el sentimiento, la alegría o el dolor del vate que repartía esencias de amistad.

César Terán -al centro, de chaleco- con los consagrados periodistas Domingo Tamariz, Humberto Castillo, Jorge Sandoval (autor de la nota) y Pedro Ortiz, en el Club de Periodistas del Perú

Quienes gozamos con él de aquellas interminables tertulias durante muchos años, hoy lo recordamos compartiendo con nosotros su vida, sus esperanzas, sus logros profesionales, sus sueños y humanos dolores.

Dentro de poco, sus amigos, compañeros de trabajos, sus entrañables paisanos cajamarquinos, le daremos la despedida terrenal antes de su partida a la eternidad para encontrarse directamente con la hora azul que tanto amó. Reunámonos hoy, antes de las tres de la tarde, en el local del Colegio de Periodistas (Canevaro 1474) para desde ahí acompañar su cortejo fúnebre rumbo al cementerio Parque del Recuerdo, en Lurín.

César Terán Vega, amigo, contertulio, confidente, combatiente de mil batallas, te decimos: ¡PRESENTE!

martes, 13 de mayo de 2014

ADIÓS CÉSAR, POETA PERIODISTA

EL PERUANO. El periodismo peruano está de duelo: a los 67 años de edad partió el periodista cajamarquino César Terán Vega. Dejó cátedra a generaciones de hombres de prensa. A las 6 y 30 de la mañana de ayer, la hora en que la redacción de El Peruano y la agencia Andina empieza sus labores diarias, la larga sala se enlutaba con una noticia: César Terán Vega, el editor de la sección Opinión y encargado de elaborar las editoriales de nuestro diario, daba su último suspiro a la misma hora, en la unidad de cuidados intensivos del hospital Guillermo Almenara.

A César, finalmente, lo había derrotado ese cáncer en el hígado contra el que él luchó con fuerza, durante varios meses. A ello se sumó la diabetes. Pero inclusive, en el verano último, continuó alimentando con su pluma las páginas de El Peruano, postrado en su cama, convaleciente de una operación.


Paradojas, César nos dejó el día en que la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, su alma máter, cumplía un nuevo aniversario. Falleció a los 67 años de edad y decenas de periodistas lo lamentaron en su muro de Facebook, donde en estos meses su hijo Vladimir nos comentaba sobre su delicado estado de salud.
“César Terán era un maestro, de la crónica y de la amistad. Varias redacciones lo extrañarán”, escribió Juan Gargurevich. “Se va su pluma solemne, traviesa y soñadora, cargada de los tácitos símbolos de un poeta”, decía Juan de la Puente.

No falleció un periodista cualquiera, se nos fue Terán, cuya caballerosidad, buen oficio y poesía de la palabra nos acompañó por décadas. Se fue un maestro del oficio y por eso su velatorio fue anoche en el Colegio de Periodistas de Lima, en Lince. Era lo mínimo.

Ahí se recordó, entre anécdotas, el paso de César por las redacciones del semanario Caretas, los diarios La Prensa, La Crónica, Expreso, La República y El Peruano y la agencia de noticias Andina.

El periodista fiel
Tenía diversas cualidades: podía ser el jefe más exigente y curioso en diversos temas, dijeron. A la vez, fue de los bohemios que gustaban de la charla sobre los problemas del país y de la bella literatura. Un consejero que ponía a la familia por delante; para él, quien de joven había perdido a su esposa Alcira y, años después a uno de sus dos hijos, Dante, la familia era lo más sagrado.

Era un generoso compañero que tenía una gran sensibilidad por los temas sociales, lo que le permitió escribir también grandes crónicas a su paso por los distintos medios. A la par, tenía un amplio conocimiento de la realidad del país, de la política y, sobre todo, la vida.

Era de los periodistas de fuste, que tomaba el oficio como un apostolado. No era raro verlo culminar sus labores pasadas las 10 de la noche y aún tener cuerpo para tomarse unos tragos comentando las vicisitudes del día. “En esos encuentros aprovechaba para escribir poemas sobre cualquier servilleta de papel que encontraba”, recordaba a la agencia Andina Octavio Huachani, con quien trabajó en los años ochentas. En los últimos años también se metió en el mundo cibernético y alimentó el blog La Buhardilla, visiones del Perú y el Mundo.

Como buen hijo de Huambos, provincia de Chota, región Cajamarca, César era apasionado de la tauromaquia y cronista taurino. Por ello, junto a su hijo Vladimir alimentaba un blog y un portal dedicados al tema.

Lo agradable de él, como recuerda César Chaman, es que no imponía un fanatismo. “Era muy respetuoso de quienes estaban en contra de los toros. Lo mismo, su hinchaje por la ‘U’ era sosegado: gozaba con los triunfos de su equipo, pero jamás hacía burla del rival caído. Hasta en eso era un caballero”. Es cierto, las redacciones no paran, lo sabes, César. Pero los buenos ejemplos quedan para ser seguidos. Hasta siempre, querido César. Maestro. Camarada.

SUS POEMAS

Camino del viento
Camino del viento
viajo hacia el ido tiempo
desalmado, descorazonado
moribundo
rebusco vidas extinguidas.
Camino del viento
vuelvo, sueño
aún batallo
contra el Tiempo.

Aquí estoy (*)
Aquí estoy aún
en el rincón ignoto
burlando a la ladrona de la vida
aquella pérfida
ha marchitado las flores más amadas
depredó mis bosques ensoñados
derribó mil puentes
pero aún soy
estoy
en el mar
en la montaña
en el río
en mi ternura
una tarde cualquiera
o una madrugada parda
sin azul
un ocaso trágico
una retinta noche
¿quién lo puede predecir?
aquella pérfida
lapidará mis sueños y mis ojos
así ya no podrá regalarles mi corazón
todos los días
para qué sirve un pan sin horno
un reloj que ya no da la hora...

(*) Publicado en la revista Qué Tal, del Club de Periodistas del Perú.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Eguren, el poeta más puro

El 19 de abril se cumplieron 70 años del fallecimiento de José María Eguren, el poeta simbolista que inauguró la poesía contemporánea en el Perú, estrella rutilante y a la vez fugaz, que siempre se negó a dejarse atrapar por una órbita astral determinada.

El autor de Simbólicas también transitó por las sendas del periodismo. Autodidacta y voraz lector de Baudelaire, Verlaine, Mallarmé, Rimbaud, Mirbeau y D´Anunzio, los cuentos de Grimm y Andersen, los libros de Ruskin, Rosetti y Wilde.

José María Eguren

Hasta 1929 se dedicó más a la prosa, publicando primero en Amauta -la revista que fundara y dirigiera Mariátegui- y luego en La Revista Semanal de Lima y otras publicaciones. "No produzco como filósofo sino siempre como poeta",  decía pues consideraba que al conocimiento se puede llegar "por el camino más vasto, desordenado y misterioso de los ensueños poéticos".

Contemporáneo de José Santos Chocano en literatura, especialmente en poesía, ambos contrastaban como el agua y el aceite. El modernismo del Cantor de América cultivaba la grandilocuencia y la oratoria, en cambio, la poesía de Eguren llegaba hasta la abstracción aparentemente desligada de la realidad. Mariátegui dijo del escribidor de La niña de la lámpara azul que "representa en nuestra historia literaria la poesía pura".

En noviembre de 1922, el gobierno de Augusto B. Leguía rindió homenaje y pleitesía a Chocano y lo coronó como el Poeta de América. Este acontecimiento permitió que se manifestara en toda su plenitud la grandeza humana de Eguren.

Como culminación de la gran fiesta de la coronación se organizó una velada literaria en el teatro Forero, hoy Municipal. Entre los invitados figuraba José María, pero nadie esperaba que asistiera. Allí estuvo y pronunció un generoso discurso en honor a Chocano. Todo un caballero.

jueves, 19 de julio de 2012

El mirlo blanco

Foto: José Miguel Grande
Fatigadas están
las alas del mirlo blanco
ensoñado viajero
que no conoce fronteras
ni más allá
ni más acá
del viento
de los valles
de las cumbres
los océanos
los jardines.
Mis huertos infantiles
las chocitas querendonas
!Ah!... los ríos y mantatiales
las comarcas.
Fatigadas están
las alas del mirlo blanco.
Cuántas viajes
de occidente a oriente
al encuentro de las auroras
y del sol.
Cuántas horas volaste
huyendo de la luz
tras la borrasca y las sombras
resumando holocaustos
penas
amores idos.
Fatigadas están
las alas del mirlo blanco.

lunes, 23 de abril de 2012

La generación fecunda

Literatos periodistas de comienzos del siglo XX

- Especial publicado el 23 de abril en la revista Variedades de El Peruano

Los grandes de la literatura peruana fueron también grandes periodistas. En los albores del siglo XX, los jóvenes César Vallejo, José Carlos Mariátegui, Abraham Valdelomar, Victor Raúl Haya de la Torre y Abelardo Gamarra, entrevistaron en distintos momentos al personaje de su tiempo: Manuel González Prada

 
Sin llegar a la exageración, o a una visión fuera de espacio y tiempo, podemos afirmar que la generación intelectual de las primeras décadas del siglo XX en el Perú, aquella que se forja en los difíciles años que siguieron al trauma nacional que dejó la guerra del Pacífico, construyó una auténtica etapa renacentista en los campos de la política, la literatura y, cómo no, el periodismo.

Podemos llamarla la Generación de la Ilustración, establecidas, claro está, las diacrónicas diferencias y distancias con el movimiento cultural e intelectual europeo que ha perennizado ese nombre en la historia.

Desde otra perspectiva, debemos tener en cuenta que aquella revolución intelectual y artística, que incluso alcanzó influencia en América y el mundo, se dio fundamentalmente en la Lima centralista y unas pocas ciudades de tierra adentro –reductos de la oligarquía- más no así en el país rural, donde el Estado dominaba pero estaba ausente e indiferente, configurando la desigual convivencia de un Perú oficial y un Perú real, como lo definiera décadas más tarde Jorge Basadre.


Maestro y paradigma
No es casualidad que el gran maestro y paradigma de esa generación fuera un contestatario anarquista como Manuel Gonzales Prada (1844-1918) crítico irreductible del Estado oligárquico imperante, preocupado por los pueblos indígenas marginados, quien utilizó como armas la poesía pre modernista, el ensayo cáustico y severo y el periodismo.

González Prada, cuya visión de futuro contrastaba diametralmente con la de nuestro tradicionista Ricardo Palma, apostó siempre por las nuevas generaciones, en ellas cifró sus esperanzas y hacia ellas orientó su tarea pedagógica. Son célebres sus interminables tertulias y entrevistas periodísticas con César Vallejo, José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre, Abraham Valdelomar, José María Eguren, Abelardo Gamarra, El Tunante, Félix Valle, entre muchos otros, como también es famoso el acercamiento permanente que tuvo don Manuel con líderes obreros de esa época.

A todos ellos los instaba a estudiar, a cultivar sus propios estilos por más iconoclastas que estos parecieran y, sobre todo, a luchar por la auténtica libertad del hombre peruano y por el hallazgo definitivo de su identidad nacional.

Poetas, pensadores, líderes políticos algunos de vuelo universal, como es el caso de Vallejo, toda esa generación tuvo un terreno común donde geminaron sus estilos y sus propias personalidades: la prensa escrita.
Siempre existió en ellos esa complicidad creadora y rebelde entre la poseía, el ensayo, la narrativa y el periodismo. Luis Alberto Sánchez en su obra biográfica Don Manuel, refiere precisamente que cierto día el autor de Páginas Libres y Horas de Lucha, llegó a su casa con un sobre en la mano y le dijo a su esposa:

-Al fin me cotizan como escritor. Me piden colaboración y me la pagan, admírate ¡me la pagan!
Se refería a un artículo suyo publicado en La Prensa de Buenos Aires y luego reproducido en Lima por El Comercio. ¿Cuál era el titular y cuál el contenido de esa artículo? “La poesía”. Fiel a su línea allí planteaba que ese género literario no debe ser un mero entretenimiento, sino que debe aproximarse a lo social.

“El poeta que desea marchar a la cabeza de la civilización y no figurar como retardatario…, tendrá un corazón bastante generoso para latir por la humanidad, un cerebro suficientemente iluminado para guiarse por la filosofía científica de nuestro siglo”. Aún escribía en el último tramo del siglo XIX, pero es evidente que ya vislumbraba los avatares de la centuria que se venía.

Conversando con MGP
Todos los intelectuales que lo siguieron militaron, por así decirlo, en el periodismo, desde diferentes vertientes y hacia disímiles horizontes. Todos ellos también vieron en él no solamente al gran maestro, sino al conductor y guía y lo admiraron con fervor, como lo revelan los testimonios escritos que ellos mismos dejaron.

Guillermo Rouillón, el historiador y más importante biógrafo de José Carlos Mariátegui refiere que, por los años 20, el primer encuentro del Amauta con su admirado maestro tuvo como escenario la casa de MGP ubicada en la puerta falsa del Teatro Segura.

¿Cuál fue la primera señal de aquella relación entre dos colosos del pensamiento político peruano? El jovenzuelo Mariátegui le obsequió un poema que había escrito para él. Ya por ese entonces JCM vivía intensamente su “edad de piedra” en el diario La Prensa, donde escribía crónicas sociales y de hípica con el seudónimo de Juan Croniqueur.

Con ese mismo seudónimo publicó más tarde una larga entrevista a González Prada redactada en tono coloquial en la que abordaron la disyuntiva de los nuevos intelectuales y literatos peruanos como Abraham Valdelomar, otro gran poeta, narrador y periodista. Esa entrevista recoge emociones y elogios que le suscitaban los jóvenes intelectuales.

El amigo de Vallejo
Venido de las canteras del Grupo Norte de Trujillo, otra pléyade de políticos, literatos y periodistas como Antenor Orrego, Julio Garrido Malaver, Alcides Spelucín Vega, entre otros, César Abraham Vallejo Mendoza se ambientó en Lima al calor de su amistad con Valdelomar, Eguren y otros integrantes del grupo Colónida al cual se integró. Fue cuando conoció y cultivó entrañable relación intelectual con Gonzales Prada. 
Grupo Norte. César Vallejo formó parte de esta agrupación literaria que integró también Víctor Raúl Haya
de la Torre. En la foto aparecen: De izquierda a derecha: (sentados) José Eulogio Garrido, Juvenal Chávarry,
Domingo Parra del Riego, César Vallejo, Santiago Martín, Oscar Imaña. (De pie) Luis Ferrer, Federico Esquerre,
Antenor Orrego, Alcides Spelucín, Gonzalo Zumarán. (Trujillo 1916)
El vate de Poemas humanos le dedicó a MGP su poema Los dados eternos, adjuntando esta emocionada expresión: “Para Manuel Gonzales Prada, esta emoción bravía y selecta, una de las que, con más entusiasmo, me ha aplaudido el gran maestro”.

Un pasaje de una excelente entrevista que publicó Vallejo en La Reforma de Trujillo, en marzo de 1918, dice así: "Chispea en sus ojos videntes un diamante prócer. Y me acuerdo de aquella biblia de acero que se llama Pájinas libres. Y creo envolverme en el incienso de un moderno retablo sin efigies...".
- En literatura -prosigue- los defectos de técnica, las incongruencias en la manera, no tienen importancia.
- Y las incorrecciones gramaticales -le pregunto-…¿Y las audacias de expresión?
Sonríe de mi ingenuidad; y labrando un ademán de tolerancia patriarcal, me responde:
-Esas incorrecciones se pasan por alto. Y las audacias precisamente me gustan.
Aún no había nacido Trilce.

Con Abraham Valdelomar
Abraham Valdelomar narrador y poeta de alto numen, quien nació en Pisco en este mes de las letras, un 27 de abril de 1988, también bebió de las fuentes sabias de Gonzales Prada y fue, asimismo, un periodista impenitente. Recuérdese que el Conde de Lemos fue director del diario El Peruano desde octubre de 1912, hasta mayo de 1913.

La Biblioteca Nacional, también fue frecuente destino de los jóvenes contertulios de MGP, cuando éste era su director, así lo testimonia un documentado artículo publicado por Valdelomar en La Prensa en noviembre de 1916. Allí, el autor del Caballero Carmelo y Gonzales Prada comparten sus preocupaciones por las mutilaciones que sufrían los libros de nuestra primera biblioteca.

Haya, Abelardo Gamarra
Víctor Raúl Haya de la Torre, político en todas las circunstancias, pero también periodista, escribió en 1917 una larga entrevista que lleva por título: Mis recuerdos de Gonzáles Prada. Ese testimonio fue recién publicado por la revista Sagitario de La Plata Argentina en setiembre de 1925. Es una prolongada y emotiva semblanza del maestro de toda una generación, una especie de profesión de fe porque allí reconoce cuánto influenció en sus ideas el viejo y joven anarquista.

Otro asiduo contertulio de MGP, cuando éste ya vivía en Barranco, fue Abelardo Gamarra, El Tunante, cronista de varios periódicos de la época, “el escritor que con más pureza expresa a las provincias”, según Mariátegui, fue combatiente en la guerra con Chile y en la resistencia durante la ocupación.

Para esta generación, como ha ocurrido en distintos momentos luminosos de la historia, en el Perú y otras latitudes, el periodismo siembre ha sido la fragua de Vulcano en la que se forjaron los más brillantes pensamientos y las artes más sublimes.