sábado, 24 de mayo de 2014

¿Por qué tanta oposición a la ley universitaria?

Artículo de opinión del historiador y ex rector de San Marcos, Manuel Burga, dedicado a César Terán Vega

- Diario El Peruano, 16 de mayo de 2014

Mencionaré dos publicaciones recientes. La primera que circuló ampliamente como un discurso de Noam Chomsky, titulada Asalto neoliberal a la universidad, donde –desde su experiencia universitaria norteamericana– denuncia con fuerza la burocratización creciente de estas instituciones. Este discurso estuvo precedido por el libro de Benjamin Ginsberg, polémico politólogo de la U. Johns Hopkins, denominado The Fall of the Faculty (La decadencia del docente), 2011, que alude al núcleo de este mismo problema y donde el título lo dice todo.

En algunos países de América Latina encontramos una situación como la que describe Ginsberg: universidades con burocracias administrativas doradas, preocupadas en contar, medir resultados, evaluar incidencias, evitar la fiscalidad y establecer balances en azul . Menos gastos corrientes, más infraestructura, equipamiento y bases virtuales de datos. Más estudiantes por supuesto y los docentes en un segundo plano.



Este es el nuevo modelo de universidad tan cuestionado en Chile por el libro de María Olivia Mönckeberg, Con fines de lucro. La escandalosa historia de las universidades privadas en Chile (2013), en el que encontramos una situación como la tipificada por Chomsky y Ginsberg.

Lo nuevo y reciente en esos países es que ha surgido una reacción de los Estados. En Chile, donde no existe el D.L. 882 que promueve la inversión privada en educación, la sociedad civil, el Estado y los jóvenes políticos en el Legislativo se enfrentan a esta situación y no sabemos aún el desenlace.

¿Qué sucede en nuestro país? Existe una propuesta de nueva ley universitaria que se encuentra en la mesa directiva del Congreso de la República. Igualmente, el Minedu ha decidido proponer una Superintendencia que represente al Estado en esta suerte de zafarrancho universitario que azota al país, 141 universidades para un país como el nuestro es una locura semejante a la minería informal.

La nueva ley universitaria es seguramente perfectible, pero su intención explícita es devolver la calidad, dignidad y perspectiva nacional a la universidad peruana. Sin embargo, la oposición parece venir de muchos frentes y hasta la Asamblea Nacional de Rectores (ANR) se da el lujo de convocar a marchas y quebrar organizaciones docentes como Fendup. ¿Pero por qué tanta oposición? Algo muy simple: unos piensan que la nueva ley universitaria debe echar a sus adversarios, otros se oponen por conservar sus puestos (los rectores), los dueños (se oponen) por cuidar sus inversiones, los estudiantes (los que se oponen) defienden la llamada “autonomía” para continuar con el facilismo o para medrar en los cargos en las públicas.

Recuperar la calidad, devolverle la naturaleza propia de la universidad, promover la investigación, que la universidad no tenga como fin supremo el lucro, exige un esfuerzo de todos por el bien del país, del futuro y de nuestras familias. Esta abundante oposición es parte de la crisis moderna de los valores que subyace ante un proyecto de nueva ley universitaria que apunta a promover el bien común y un esfuerzo por la nación (Dedico este artículo al amigo entrañable César Terán, gran periodista).

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