miércoles, 26 de septiembre de 2012

Los vientres de Lima

CRÓNICA DE MERCADOS. DE LA PLAZA MAYOR HASTA LA PARADA Y SANTA ANITA

Los centros de abastos han evolucionado al ritmo de la metrópoli. La competencia es intensa con las cadenas de supermercados

- Central publicada Hoy lunes 26 de setiembre en el diario El Peruano

En la década de 1970 –mi época estudiantil–, cuando visitaba ese congestionado e intrincado mercado conocido como La Parada y sus alrededores, siempre venía a mi mente la novela del francés Emile Zola, El vientre de París. En ella, Zola describe el increíble y alucinante mundo del mercado central de la Ciudad Luz, conocido como Les Halles, allá por 1827, en los tiempos de la Comuna.

Se trata de un caleidoscópico retrato de la sociedad parisina, principalmente a través de su famoso gusto gastronómico a partir del comercio de vegetales, carnes, pescados y mariscos en abundancia y variedad superlativas.



En lo que respecta a Lima, ya en la década de 1980, trabajaba yo en la sección Internacionales del desaparecido diario La Prensa. Con un equipo experimentado de periodistas, cerrábamos cada edición un poco más allá de la medianoche. Muchas veces salíamos a conversar y brindar en los bares de la plaza San Martín y, casi al romper el alba, enrumbábamos en colectivo hacia La Parada, para tomar un suculento caldo de cabeza o de gallina.

A esa hora, un enjambre de vendedores, compradores, cargadores, carretillas, camiones, mendigos y ladronzuelos armaba un tumulto apabullante.

Mientras tanto, la ciudad seguía creciendo en forma desmesurada hacia el norte, el sur y el este, hasta convertirse en la megaciudad de ahora, con más de 10 millones de habitantes. La vieja Parada ha devenido ya, desde hace décadas, en un centro de abastecimiento insuficiente y anacrónico.

Como ha ocurrido siempre con las grandes ciudades, éstas han ido eliminando sus viejos mercados para trasladarlos a la periferia urbana, debido a su inexorable crecimiento demográfico y a sus constantes renovaciones arquitectónicas. Lima no ha sido una excepción, desde su fundación española en 1535.


Abajo el Puente

Los primeros cronistas, especialmente el padre Bernabé Cobo, dieron cuenta de cómo la población del Damero de Pizarro se abastecía de alimentos provenientes del interior de la Colonia, incluyendo productos nativos y otras mercaderías, como ropa, calzado, licores y todo lo que necesitaba para sobrevivir.

Los productos europeos venían por barco hasta el Callao. De allí que empezó a funcionar entre ese terminal marítimo y la capital virreinal un intenso tráfico de bestias de carga, carretas y carruajes.

Sin embargo, la producción nativa de alimentos era traída de la Costa y la Sierra en mulas, cuyos arrieros y comerciantes la depositaban en campamentos ubicados en zonas estratégicas.

Uno de estos campamentos funcionaba en el incipiente barrio de Abajo el Puente, hoy distrito del Rímac. Allí surgieron los intermediarios, encargados de transportar la mercadería a la otra orilla del puente. Este tráfico duró mucho tiempo, hasta la República, de allí que en la actualidad las calles rimenses lleven los nombres de pueblos norteños de donde procedían los comerciantes, Trujillo, Cajamarca, Piura y otros más.

El Rímac estaba poblado originalmente por indígenas y posteriormente por afrodescendientes. Aun ahora, debajo del puente Santa Rosa, existe una calle denominada Camaroneros, en alusión a los nativos del valle que se dedicaban a pescar y capturar camarones en el Río hablador, para venderlos al frente a las familias criollas.

Comercio con historia
¿Dónde funcionó el primer mercado de Lima colonial? Existen abundantes crónicas, documentos y escritos del cabildo de la ciudad y representaciones gráficas que demuestran que los domingos y feriados la Plaza Mayor se convertía en un abigarrado mercado, donde se vendía y se compraba de todo.

El padre Cobo, en su Historia de la fundación de Lima, refiere que aquel mercado se extendía por toda la plaza y que en los portales de lo que ahora es la municipalidad se instalaban puestos móviles llamados “cajones de Rivera”, en recuerdo de Nicolás de Ribera, El Viejo, primer alcalde de la ciudad.

Desde aquella época y hasta avanzada la etapa republicana, Lima era a la vez centro político, administrativo, comercial y financiero del país.

Junto al río se extendía la calle Polvos Azules, por los tintes y anilinas que se expendían para la industria y la artesanía textil. Los portales y jirones hasta ahora llevan nombre alusivos a lo que allí se vendía: botoneros, petateros, mantas…

Con el correr del tiempo fueron apareciendo en Lima otros mercados como el de la Aurora, que antes era un inmenso y florido huerto, en la esquina de los actuales jirones Cañete y Emancipación.

En el corazón de la ciudad, el presidente Ramón Castilla proyectó construir un gran mercado, llamado inicialmente de La Concepción. Su sucesor, Echenique, ejecutó la obra con un proyecto corregido. Ese edificio, luego fue llamado Mercado Central y se incendió en los años 60 del siglo pasado. Posteriormente fue modernizado por el alcalde Luis Bedoya Reyes.

Retomando a Zola, podríamos parafrasear diciendo que Lima tiene ahora varios vientres para satisfacer a una inmensa demanda y un colosal apetito.

¿Por qué La Parada?
A comienzos del siglo pasado, Lima aún estaba rodeada de fundos y chacras donde se cultivaba productos de pan llevar y aún se criaba ganado lechero, aves y cerdos en rústicas granjas.

Cuando empezaron a llegar las olas migrantes provenientes de provincias, especialmente de la Sierra, los “recién bajados” hacían un alto en el suburbio, al que llamaron precisamente La Parada.

Fue entonces que nació el primer asentamiento humano en las agrestes faldas del cerro San Pedro, primer cuartel general del legendario líder de otras invasiones conocido como “Poncho Negro”.

CIFRAS
25,000 metros cuadrados ocupa el antiguo Mercado Mayorista de La Parada. Diariamente llegan hasta este lugar 7,000 toneladas de alimentos para distribuirlos a 400 mercados de Lima.

40,000 kilogramos de basura produce a diario el comercio en La Parada. En este centro mayorista hay gran movimiento económico, pero a la vez existe caos, delincuencia e inseguridad.

589,818 metros cuadrados tiene el Nuevo Mercado Mayorista de Santa Anita. El moderno establecimiento cuenta con restaurantes, bancos y sistemas electrónicos de vigilancia, entre otros servicios.

1 comentario:

  1. Pocas veces he leído una crónica tan bien documentada y amena. Se comprueba la calidad de un periodista de alto nivel como César Terán. Debo recordar que yo también disfruté de esos caldos de gallina de La Parada -con que se "cerraban" los cierres de los periódicos- por lo cual la nota de César me ha provocado una nostalgia por lo que ya no existe.

    ResponderEliminar