jueves, 15 de enero de 2009

La herida atroz de Uchuraccay sigue sangrando

Recordando a Amador García Yanque

El dolor atroz como un hachazo profundo a mansalva en las manos y en el alma me aplastó Amador y me quitó hasta ahora el valor de escribir tu nombre con todo el torrente de mi sangre y de mi pena y evocar en unas líneas tu recuerdo, tu mirada de niño desolado y a la vez tierno, tu sonrisa tímida, tu corazón enorme. La víspera te habías ido de Lima para Ayacucho enviado por don Paco Igartua de Oiga. No tenías experiencia pero sí ganas enormes de ganarle a la mala suerte así tuvieras que tomar fotografías en el culo de judas.

amador garcia_blog

Maestrito, aquí está su revista me dijiste en la vieja redacción entablada de La Prensa soplando las manos ahuecadas de puros nervios nomás y me voy para Ayacucho. Oye cholo ten cuidado allá no se juega es la guerra no te separes para nada de los compañeros, allá está Fidel Méndez que se las sabe todas habla con fulano y con zutano. No se preocupe maestrito y seguías soplando las manos sudorosas como si estuvieras inflando algo, maldita manía carajo deja de hacer eso. Tu cara triste acostumbrada a la adversidad de crecer sin padre y al desafío de buscarla desde niño en Ica vendiendo helados y tomando fotos de bautizos y primeras comuniones, esa tarde de enero estaba feliz, reías en silencio con tu casaca de buzo azul y pantalón jeans flamantitos y tus zapatillas también nuevecitas. Este cholo ya empezó a gastar los viáticos y allá le va a faltar la plata. De dónde iba saber cholito que aquella tarde última habías subido al segundo piso solo para despedirte y que después seguirías paseando por el centro de Lima con tu mujer y con tu hijito comprándoles cosas y saboreando helados. Rápido te habías ganado la confianza de los jefes en la revista, ojala no hubiera sido así, ojalá mi compadre César Napa y yo no te hubiéramos desanimado en tu afán de regresar a Ica y dejar esta Lima ingrata y dura. No seas cobarde cholo huevón te decíamos, si has venido a luchar sigue luchando, si quieres ser reportero tienes que ser reportero, carajo y nos hiciste caso y caíste en Oiga como anillo al dedo, qué dedo, en la guadaña de los criminales que ya deben estarse pudriendo poco a poco en vida aunque hasta ahora se sigan burlando de la justicia humana.

Uchuraccay

Amador, Amador García Yanque, cuántos recuerdos tuyos desfilan nítidos ahora que se acerca otro 26 de enero, cuánto se ha hablado y se ha escrito de tu muerte horrenda y la de los compañeros de Uchuraccay. Desde aquella puñalada artera y desgraciada que marcó mi vida como la de tantos periodistas que fueron testigos de tu breve y esperanzada existencia, tu recuerdo ha estado siempre rondando mis pasos mis caminos como una sombra persistente, como una luz cada vez más lejana pero inextinguible, intensa, y ahora te evoco en estas líneas dolientes. Cholo, compañero de ilusiones confidente de mis penas. Cuánto diera ahora por retroceder el tiempo hacia aquella lejana hora azul brumosa en tu cuartito de una azotea en Breña, escuchando en tu pequeño tocadiscos a Rolando Laserie que cantaba hola soledad, y nosotros ebrios de tristeza y desolación contemplando la ventana de la habitación del hospital Loayza donde expiró mi amada esposa Alcira. Cómo olvidarte cholo Amador que nunca dejabas tu cámara ni para ir al baño que fregabas tanto en el bar y en las reuniones de los amigos toma que toma fotografías y nosotros ya pues cholo deja de joder ya estamos fuera de la chamba y tú sonriendo siempre envuelto en tu silencio misterioso. No, no te olvidaré jamás, no los olvidaremos ni un instante. La herida de Uchuraccay sigue sangrando. Que siga sangrando como roja tinta indeleble con este dolor indescriptible, que no cierre nunca al menos hasta el día en que las bestias caigan en su charco de miasma.



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1 comentario:

  1. Hermano César:



    Acabo de leer tu hermosa y emotiva nota sobre Amador García Yanque, una de las victimas de aquella tragedia que aún enluta al periodismo peruano, y también me ha contagiado la evidente emoción que transmites, sobre todo por tratarse de un hombre modesto, que descubrió aquí su instinto de reportero y empeño para cumplir su trabajo. Nuestro homenaje, una vez más, aunque sea en el silencio de nuestras propias almas o en el fondo de una iglesia, para aquellos que concurrieron a su cita con el destino, sin medición de tiempo ni sacrificio, y solo con el ánimo del cumplimiento del deber.

    Un abrazo.

    Luis Eduardo Podestá Núñez

    lepn19@yahoo. es

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